Regrese

20080308 | |

¿Eras tu cierto?

Creo haberte visto,

desvestida y entumecida.

Que confusa situación,

no se suponía que te habías ido a casa de tus padres,

¿entonces que hacías ahí?

Yo solo estaba de visita, tengo aun la llave,

iba de paso y aproveche para darme una ducha que me refrescara.

Desde que no vivo junto a ti no he logrado hallar un sustituto a tus refrescantes masajes

bajo el agua de aquella ducha,

esos que das con tus manos

que como dos piedras heladas deshacían los nudos de mi espalda,

en vez de desatarlos,

no me quejo,

pues si nunca jamás me queje en tantos años,

¿Por qué habría de hacerlo ahora?

Si estabas en ese lugar es por que me echabas de menos,

no digo que solo a mi, sino a nuestras mañas,

arrebatos e impulsos por encerrarnos dentro de aquellas humedecidas paredes,

desafiar nuestra imaginaria claustrofobia,

reírnos de las estrellas,

hablar de ciencias,

vale decir que aun sin entender tus términos de aquella área,

disfrute oírte divagar sobre teorías astrales,

nunca te creí ni media palabra sobre el cosmos,

pero si era necesario fingir que me convencían tus conjeturas sobre los astros

para llegar a oír tus creencias sobre el amor,

pagaba el costo de todas maneras.

Las ventanas que nunca cerrábamos seguían en su lugar,

el agua salía tan helada a la tina como en sus mejores días,

tal como en las añoradas noches de Julio,

solo había una diferencia: tres horas entre esas paredes

y las velas no se apagaron,

quizás te esperaban como lo hacia yo,

te querían ver allí, en ese muro,

apoyando tu fina espalda en aquellas grietas,

rasguñando sus tonos agrios,

frecuentaste con tus manos tantas veces sus imperfecciones

que creo recorriste mas veces su superficie que mi propia piel.

Esta tarde la puerta no me dio complicaciones a mi llegada,

es que creyó tal vez,

seria esta mi ultima visita,

a lo mejor habrá pensado que tu me seguías los pasos otra vez,

pero nada de eso, no tenia vino en mis manos,

ni una frazada que cubriera los cuerpos al amanecer,

incluso olvide la toalla que en nuestra ultima visita te seco tras el baño de tina,

ese que apago los altos grados del tinto añejo de la discordia.

Me ausente por tantos días que el ruido me molesto de inmediato,

el mismo boche de cada cita que nos hacia converger en una molestia común,

la de querer acallar los murmullos ajenos,

con nuestras opacas vocecillas.

Todo era tan parecido,

no tan solo me angustie en el primer cuarto de hora,

sino además apoye mi cabeza en mis manos hasta la caída de una lagrima,

tal vez tendría que haberla evitado,

o al menos derramarla solo tras la ducha,

así quizás no me dejaría ese gusto amargo crónico que me peso durante el atardecer.

Al largar el agua me pareció haberte escuchado,

nadie rondaba la habitación,

entonces entendí que era absurdo creer que no me ocurriría algo así,

pensar de inmediato en tus labios,

recordar tu gesto de repelencia al tocar el agua con tus pies,

repasar tu imagen calida enfriándose en la tina.

Tarde lo que se demoro en hervir el agua para el tradicional café en cortar la llave de paso,

una llena de cafeína y dos de azúcar,

el jarro mugriento de tu abuela,

cinco sorbos que pasaron fugaces

ante la inquietud de hallarme completamente empapado,

frente a la ventana y con miles de recuerdos crudos a flor de piel.

Me seque esta vez con mi camisa,

la deje botada justo en los últimos reflejos de sol

que se escurrían por la ventana hasta el cuarto.

Sentado en el rincón mas frió de la habitación espere el crepúsculo,

me dormí por instantes,

solo hasta que escuche tus pasos por detrás de la puerta, no tenia dudas, tu estabas ahí detrás, vestida de falda larga celeste,

con una polera de tonos fríos que hacían resaltar los tonos claros de tu cara,

traías los ojos limpios de maquillaje,

venias de paso quizás para recoger cuentas impagas,

abriste la puerta,

me quede inmóvil,

si eras tu,

tu estabas ahí una vez mas junto a mi,

tenias tu pelo suelto,

tan oscuro como la sombra que te escoltaba,

tu cara te delato en seguida,

no esperabas que estuviera ahí,

en ese rincón,

en esa pieza,

en aquel mismo lugar,

solo atine a decir:

“regrese”,

corriste a mis brazos,

resbalaste con mi polera,

caíste a mi lado,

lloraste de pena,

lloraste de alegría

y de dolor,

reíste,

una sonrisa de tu boca me perdono en de inmediato,

acallamos las palabras de la calle,

e incluso las que venían de nosotros.

Tu en el agua,

estas ahí entumecida,

no me cabe duda:

eres tu,

volviste por mi,

y yo por ti.

7 comentarios:

Cariito (*) dijo...

las vueltas de la vida no!
asi es la vida te sorprende en cada instante, asi es el amor impredecible como esta.

te kro goño :)

Anónimo dijo...

Goño me encanto :) simplemente

Anónimo dijo...

me da paja leer, cambia la letra...

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

S, no seria malo que cambiaras la letra :P
Áunque empiezas ha leer, y es imposible no terminarlo..
me agrada como escribes...
esperare para ir al estreno del libro en 4 años más..
:)
Un beso
Riola

JP Cruces dijo...

ah. me parecio que ella nunca existio.
es como algo hermosamente onirico.

Gºñº dijo...

elimine un comentario de uno de los textos, era de "lobo" [leyton],
hechando a perder se aprende!
atte: el pelotudo editor!